viernes, 18 de julio de 2014

 Ciencias sociales y ciencias de la complejidad: encuentros y desencuentros. Hacia una transformación social
Como se lee, en este apartado hemos empezado por enunciarlo de forma tradicional positivista y dicotómica, ( de forma inconsciente o internalizada  ), por ello  decidimos que ese postulado tradicional de la ciencias positivas  nos sirva como disparador para la crítica, hemos hecho la dicotomía entre ciencias sociales y ciencias de la complejidad, lo que nos lleva a reflexionar, por tanto,  que la realidad es siempre compleja y  lo que cambia es la forma de abordarla, de asumirla, de conocerla, o sea la epistemología y el método. Lo que significa que las Ciencias Sociales son tan complejas como cualquiera de las otras ciencias fácticas. Y si se asume que la realidad es compleja, entonces nos encaminamos a cambiar  el método  y el encuadre epistémico para  abordarla como tal.
La epistemología siempre ha tenido impregnada la cultura, valores e ideología dominantes del momento histórico de cuando surge. Esos rasgos culturales y necesidades de las clases hegemónicas, la herencia de la modernidad, el pensamiento dicotómico, fragmentado, unilateral y mecanicista, el cual aún se resiste, como hemos visto, subyace en lo que hacemos cotidianamente y, por ello, debemos estar atentos a nuestro quehacer de forma crítica y no caer en sus trampas.
La época presente está marcada por una profunda reestructuración cultural. El mundo de la cultura actual ha eclipsado a los tradicionales factores de socialización y conocimiento, a esto hemos llamado transición de paradigmas, proceso del cual no escapan las ciencias sociales.
Nos dice Morin (1993), que para comprender la complejidad hay que saber que existe un paradigma de la simplicidad, que pone orden en el universo y persigue el desorden; el orden se reduce a una ley y un principio. La simplicidad ve a lo uno y ve a lo múltiple, pero no puede ver que lo uno puede también ser múltiple. El principio de simplicidad o bien separa lo que está ligado (disyunción) o bien unifica lo que es diverso (reducción).
Preservar una visión de la realidad que respete su complejidad y para intentar alcanzar tal propósito, y siguiendo a Edgar Morín, se requiere superar el paradigma de la simplicidad y hacer un pasaje hacia el paradigma de la complejidad.
Pero, ¿qué características tiene la simplicidad?. Se afirma que el universo es orden; se excluye el desorden. El orden es una ley. Evita la contradicción y el azar. Expulsa la subjetividad del conocimiento (la atribución de sentido); es objetivista. Posee una concepción lineal del tiempo. Es, como señala de De Sousa Santos (2006), una monocultura del tiempo lineal: la idea que la historia tiene un único sentido, una dirección y que los países desarrollados van adelante. Expresa una monólogo del saber y del rigor: reduce lo verdadero a lo científico; dejando fuera muchas otras formas valiosas de saber.
¿Qué postula el Paradigma de la complejidad?: Que la realidad es compleja porque es una maraña de acciones, reacciones, interacciones, contradicciones. La realidad, y también la realidad social, es una dialéctica de orden y desorden. La realidad es auto-creación, se caracteriza por ser caótica, no todo es racional. También es productora de fenómenos aleatorios que no se pueden determinar y que, empíricamente, agregan incertidumbre al pensamiento. La realidad social se construye subjetivamente dentro de límites objetivos.
Como vimos, el todo está en la parte; pero ésta conserva su singularidad e individualidad que, de algún modo, contiene al todo. No es una máquina trivial (aquella en la que se pueden conocer los productos una vez que se conocen los insumos, en la que aún sin saber qué procesos ocurren en el interior de la máquina, podemos predecir su comportamiento).
En especial, la realidad social no es una máquina trivial. Allí surgen permanentemente nuevos procesos y comportamientos inesperados, pero sobre todo se valoriza otras formas de saber, diferentes al científico. Es una ida y vuelta dialéctica, donde confluyen todas las formas de saber.
Volviendo a la noción que apuntábamos líneas atrás, que la epistemología contiene los elementos culturales y los valores de la época histórica en la que surge, la historia latinoamericana (explicada desde la dominación cultural) es una historia contada de temas y términos comunes, de grandes ausencias, y magnas representaciones impuestas desde occidente.
Los países han visto extraviarse su identidad (América Latina) y se integran a un tiempo definido por acontecimientos globales donde desaparecen las especificidades y la posibilidad de construir una interpretación propia, nuestra; desde nuestro lugar en el mundo y nuestra cultura heterogénea.
Por eso es importante posicionarse desde otra perspectiva, desde donde se recupere la historia nacional, local, regional, lugar desde el cual se aprehenda la realidad latinoamericana desde sus múltiples facetas y direcciones. Reconstruir esa historia para reinterpretarla.
De las lecturas de Pablo González Casanova, surge un convite, un emplazamiento, para que los científicos sociales recuperen el método y las técnicas desde otra intencionalidad y conciencia, éticamente distinta a la heredada de las ciencias positivistas, y la posibilidad de develar del naciente pensamiento complejo aquellos ocultamientos que no logran la transformación real, por tanto; la emancipación.
Podríamos decir, en otras palabras, a cual príncipe vamos a servir si al amo o al pueblo. Para ilustrar nada mejor que Pablo González Casanova, en la siguiente cita:
La política por un mundo alternativo realmente democrático y realmente socialista obliga a repensar el mundo y la historia tras los fracasos colosales de la socialdemocracia, el comunismo y la liberación que se hicieron notorios a finales del siglo XX y principios del XXI. Entre las tareas principales de las fuerzas que se proponen construir un mundo nuevo se encuentra  la necesidad de reestructurar el propio pensamiento  alternativo (…) las nuevas ciencias y las tecnociencias formarán parte del nuevo proyecto alternativo emergente. Someterlas a una crítica rigurosa es necesario pero insuficiente. (…) Se requiere dominar su lógica y su técnica para defenderse de ellas, o para utilizarlas y adaptarlas al proyecto libertador. (González-Casanova, 2004, pág. 287)
Por ello colocar la problemática relación compleja de las ciencias sociales y el/la investigador/a desde la perspectiva crítica, significa que se debe analizar en profundidad la doble dimensión de las ciencias sociales: la teórica y la práctica a la vez; recuperando su dimensión normativa y emancipatoria.
En ese sentido la teoría crítica nos abre una disyuntiva como investigadores y, también, como sujetos de conocimiento que en tanto conocen, al mismo tiempo se transforman subjetivamente para favorecer cambios en la realidad en la cual intervienen. Por tanto, la consecuencia de esa relación dialéctica sujeto- objeto que produce por medio de la praxis y la teoría, es lo que llamamos sentido crítico y una praxis emancipadora (que no es más que el desvelamiento de relaciones de dominación), que contribuya a constituir una sociedad democrática.
Desde la teoría social crítica, emerge la noción de emancipación y de la ciencia como conocimiento emancipatorio, por ende; la conciencia social crítica (que se coloca estratégicamente para develar los mecanismos de poder y hegemonía y superar los atravesamientos ideológicos en un orden injusto), significa producir -desde las ciencias sociales- conocimientos que aseguren autonomía y libertad.
El concepto de concientización describe este proceso de tomar conciencia y representa el primer paso de la praxis que, a su vez, es vista como poder y saber; un círculo de teoría y de su aplicación con la relativa evaluación para volver a la teoría. De allí el proceso de transformación social, producto de la praxis colectiva.
Pensamos que la ciencia social debe ser parte de un saber teórico práctico preocupada por develar las relaciones de dominación, que construya una teoría al servicio de la trasformación y del compromiso social; un conocimiento que valora el saber del otro/a y lo construye con éste, abriendo un espacio crítico y reflexivo sobre las ciencias sociales para crear las alternativas posibles y, siguiendo a González-Casanova, dominando, para lograrlo, la lógica del nuevo paradigma de la complejidad.

Casanova, P. (2004). Las nuevas ciencias sociales y las humanidades: de la academia a la política. México: Anthropos Editorial.
De Sousa, B. (2006). Renovar la teoría crítica e inventar la enmancipación social. Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
De Sousa, B. (2009). Una epistemología del sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social. México, México: Siglo XXI -Clacso.
IMorin, E. (1990). Introductión à lá pensée complexe. Paris: ESP Editeurs.
Morin, E. (1993). Epistemología de la complejidad. En D. Schnitman, Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad. Buenos Aires: Paidos.
Morin, E. (2006). El método (Quinta Edición ed.). Madrid: Ediciones Cátedra.



miércoles, 16 de julio de 2014

SUBJETIVIDAD  como   proceso social y dialéctico

I-Presentación del tema:


Desde este planteamiento identificamos la compleja dialéctica que -en un orden social concreto- se despliega entre relaciones sociales y subjetividad. El nexo dialéctico y fundante entre el orden socio histórico y la génesis y el desarrollo del sujeto, nos lleva a las relaciones sociales que gestan ese orden, el lugar que los hombres ocupan en ellas, las instituciones y prácticas que expresan esas relaciones y emergen de las mismas, así como los sistemas de representación que los recorren. [1]
Esta aproximación se realiza en función de conocer cómo opera esa complejidad en lo subjetivo, para lo cual  es necesaria una comprensión del   sujeto como ser complejo y   que además, contiene la condición social del psiquismo. Dicha concepción caracteriza al sujeto como “ser de necesidades, que solo se satisfacen socialmente, en relaciones que lo determinan Pichón-Rivière[2] (1972), por lo que el sujeto no es solo un sujeto relacionado, es sujeto producido en una praxis, que a su vez produce el contexto de su existencia, producción enajenada, abstraída.

Por ello, el hombre, por su condición primordial de “ser de necesidades”, se constituye en su subjetividad, en su dimensión psíquica y social, en y por una actividad transformadora de sí y de la realidad. En tanto configurado y determinado en y por una red relacional, es “sujeto producido”, emergente de procesos sociales, institucionales, vinculares.

A la vez, al ser sujeto de necesidades, es por ello sujeto de la praxis y como tal, del conocimiento. Hace a su esencia ser el productor de su vida material, lo que lo define como sujeto de la historia, creador del orden social y del universo simbólico que es su escenario, (entendido el escenario social o el contexto producido en una praxis (Sotolongo (2006), p133.  
En consecuencia, si las relaciones sociales conforman la esencia de lo subjetivo, a su causalidad interna, podemos decir que tanto en su forma como en su existencia, no tienen, respecto a los procesos psíquicos, una relación secundaria y de exterioridad, sino de interioridad y de compleja determinación.

Al analizar la interrelación de causas internas y condiciones externas entendemos que no resulta pertinente hablar de un “afuera” social, en cuanto contexto de un “adentro” psíquico. Desde la perspectiva planteada, en el interjuego sujeto- mundo, lo externo se hace interno, y éste a su vez se transforma en su opuesto ya que lo interno se externaliza.

Es importante la comprensión dialéctica de su unidad y multiplicidad que permite distinguir la especificidad de aspectos o instancias de lo subjetivo, reconocer su interpenetración recíproca, y no fragmentar esa unidad compleja en supuestas “entidades” ontológica y epistemológicamente autónomas, tales como un “sujeto social” que sea otro que el “sujeto del inconsciente”, o el “sujeto del grupo”.

II-Subjetividad como producto de un proceso social dialéctico

Al asumir  y afirmar que el hombre es esencialmente “ser-en-el-mundo”, en relación dialéctica con él, y al caracterizar al psiquismo como un sistema abierto al mundo, constituyéndose en y por su ser en un mundo material, social, vincular, estamos planteando implícitamente la contradicción interno –externo, una relación dialéctica, sin embargo esta comprensión integral del sujeto no siempre ha sido así.

Sabiamente, Sotolongo y Delgado, (2006,)p132, nos ponen en evidencia la separación de los espacios  micro  y macro social en el estudio de lo social como una herencia de las ciencias positivas, por tanto nos dice que debemos estudiarlos sin contraponerlos, sin subordinar uno de los ámbitos al otro,  en una interacción social  de donde proviene la contextualización  de nuestra vida social , es por ello que para estos autores, la praxis no se ubica en el contexto, si no que ésta es  productora y modificadora de contextos, podríamos señalar que visto así ¿la práctica es el contexto? . Sobre esto nos subrayan:

           …ambas dimensiones de lo social, “lo micro” y “lo macro”, proceden de una misma “fuente”: la praxis cotidiana interpersonal –social e histórica– de los hombres y mujeres reales. Sotolongo y Delgado, (2006) p133.

Sotolongo y Delgado (2006), definen  como elementos aglutinadores  cuatro elementos que se precisan  como poder , deseo , saber y discurso, elementos que circulan en las prácticas sociales, o escenarios sociales que proyectan las expectativas y patrones sociales, en esa interacción social emerge la complejidad social articuladas a los elementos aglutinadores antes señalados. Nos dicen al respecto:

De manera que, prosiguiendo con la metáfora del “cemento aglutinador” de la vida cotidiana (nuestras expectativas mutuas de comportamiento social), “los ingredientes” que, mezclados convenientemente, conforman aquel “cemento aglutinador” son, entonces, nuestras prácticas cotidianas de poder, deseo, saber y discurso, que van conformando esas expectativas mutuas, y que, al igual que estas, dimanan de las situaciones de interacción social con copresencia, y por tanto no pueden no estar articuladas asimismo con tales situaciones. (2006, p 138)

Es en esta interacción social surgen desigualdades de circunstancias sociales que están relacionadas con el poder, o el empoderamiento, el deseo  que se relaciona con las satisfacción  o la insatisfacción, múltiples posicionamientos heurísticos o epistémicos  (saberes) y  niveles discursivos.

En esa línea del discurso que sigue nuestra reflexión, el sujeto de la praxis es sujeto de una relación de recíproca determinación y transformación con una realidad que lo trasciende y a la que a su vez, modifica y produce. La relación sujeto-mundo.

Por eso indagaremos en los dos polos de esa relación donde existen claramente dos dimensiones de subjetividad: a nivel individual del sujeto y  a nivel de colectivo o proceso grupal, (en Sotolongo y Delgado 2006), se hace evidente que son aquellas las práctica colectivas las que se encuentran en la esfera de lo macrosocial, lo micro social son las  interacciones entre los sujetos individuales o agentes sociales).

Ambas construidas por medio de sus vínculos y ambas subjetividades son sociales y necesariamente, interactúan  y se retroalimentan, transforman al sujeto y crean la posibilidad de la transformación o el cambio de la  realidad social. Comprender que estas dimensiones se articulan entre sí, es indispensable para comprender a Sotolongo y Delgado (2006), en su propuesta que refiere a  la dimensión  micro (individual) y macro social (colectivo) en su relación integradora  y dialéctica.

No debe pasar inadvertido, entonces, que aquello que en todos los casos examinados se objetiva por una parte y se subjetiva por otra, de modo concomitante, son los contenidos de nuestras prácticas locales cotidianas de poder, deseo, saber y discurso. Pero, entonces, las relaciones sociales no son otra cosa que la objetivación de contenidos correspondientes a determinadas prácticas de poder, deseo, saber y discurso; y, a su vez, las identidades subjetivas personales no son otra cosa que la subjetivación de tales contenidos. Sotolongo y Delgado. (2006, p. 157).

Ello nos lleva a reflexionar sobre  las posibilidades que tiene el sujeto para realizar, en ese contexto construido, una acción transformadora, una adaptación activa a la realidad que tenga en cuenta necesidades, condiciones concretas, potencialidades. Que ponga en claro el grado de flexibilidad o de estereotipia en la relación mundo interno, mundo externo.

Nos preguntaremos por su capacidad para alcanzar un conocimiento de sí “en situación”, contextuado  y productor de contextos, en el universo de experiencia y significación que configuran sus condiciones concretas de existencia. Esto requiere, en el análisis de sus vínculos, su hacer y su representación del mundo, encontrar las manifestaciones que permitan ese encuentro dialéctico e instrumental entre el sujeto y el mundo y que están al servicio del aprendizaje, en tanto aprehensión de la realidad, que potencian en esas individualidades sociales, la transformación en agentes de cambio social. (Sotolongo y Delgado) 2006.

En este vasto interrogar, buscamos su capacidad cognitiva y emocional de insight y elaboración de conflictos. Por su creatividad, como potencialidad de recorrer y gestar caminos alternativos, que implican innovación, apertura al cambio  y gestación de proyectos colectivos, lo que nos lleva a lo macrosocial como escenario social, (Sotolongo y Delgado, 2006) , escenario social en el cual se manifiestan ese tramado de relaciones transformadoras, eso sí,  producidas por agentes sociales de cambio, que nos transfiere de vuelta al hombre en  su condición primordial de “ser de necesidades”, que  constituye en su subjetividad, en su dimensión psíquica y social,una actividad transformadora de sí y de la realidad.

Focalizar esa relación dialéctica  interno- externo, micro- macro, implica también analizar desde esta perspectiva, lo que constituye su escenario de experiencia, un contexto social construido, un mundo de significaciones, de relaciones y procesos en los que debe posicionarse el sujeto. Con esto aludimos al orden social, institucional, vincular, en el que emerge y se despliegan las vicisitudes de su configuración y desarrollo.

Procuramos una revisión para ver si ese orden social favorece el aprendizaje, el movimiento del sujeto sobre el mundo, la relación de recíproca transformación, o por el contrario la obtura, tendiendo a instalar el estereotipo o distintas modalidades de pasividad, gestando o ahondando fracturas entre sujeto y realidad. (Alienación).

Ante estas interrogantes, volvemos la mirada y advertimos que el sujeto y la subjetividad en Modonesi (2010), se configuran a partir de una praxis, una experiencia que define un conjunto de relaciones e interacciones que sostiene el sujeto con el medio que le circunda, se complementan y son homologantes, se entrecruzan en las relaciones de poder configurando y construyendo el sujeto político y la subjetividad política.

Los tipos de Subalternidad, antagonismo y autonomía nacen como instrumentos de lucha y proyección. (2010, pág. 153), estos contribuyen también  a la  emancipación y  a la des-alienación. Esto corresponde con  las posibilidades del sujeto para realizar una acción transformadora, una adaptación activa a la realidad que tenga en cuenta necesidades, condiciones concretas, potencialidades, reforzamiento de sus vínculos, su hacer y su representación del mundo  (identidad y pertenencia), y que permiten ese encuentro dialéctico e instrumental entre el sujeto y el mundo y que están al servicio del aprendizaje, en tanto aprehensión de la realidad.

En esa línea de discurso la subordinación  (Negri  define que  los  antagonismos de clase, juegan un papel  similar en la subjetivización, Modonessi. 2010, pág. 84.), es el motor de los procesos de subjetivación política, con las prácticas y experiencias de resistencia, de rebelión y de autonomía, o bien, estos vínculos relacionados  dialécticamente entre sí se acompañan de un discurso que divulga  y enuncia una praxis ahora política y  a su vez  prácticas locales desde donde se construye la subjetividad colectiva. Parte del encuentro de cuatro ejes fundamentales. Uno de ellos es el sujeto histórico: el sujeto social y político, la clase en sí y para sí, la relación entre espontaneidad y conciencia, el movimiento, el partido, la organización. Y segundo la realidad social estructural y procesual. (Modonessi, 2010, pág. 157).

En ese proceso se van a desarrollar y resignificar aspectos subjetivos que hacen a lo psíquico, a modalidades de agruparse, de relacionarse consigo mismo y con el otro, es decir, los mecanismos que serían antagónicos a los de la alienación: la conciencia de clase o clase para sí. Y estos procesos subjetivos no son ajenos sino simultáneos con un proceso social de construcción de una identidad social.

Desde el punto de vista de la psicología social, se trata del juego permanente de lo personal y de lo social, de lo subjetivo y del orden socio-histórico. Se evidencia el  método del materialismo dialéctico que da cuenta de las relaciones de producción y  nos habla del registro de la necesidad, del valor de la experiencia en procesos de acomodación y asimilación, registro e internalización del otro a través de la modificación de las estructuras de poder, procesos donde se gestan  interacciones que generan resistencia  y se expresa en la intensificación de los antagonismos entre etnias, culturas, creencias religiosas y en la emergencia de nuevas formas de movilización social.

En este enfoque, (Modonessi 2010),  el sujeto social, configura un sujeto político en el hacer cotidiano, en su lucha o praxis diaria por sobrevivir desde la subordinación del sistema, la cual le imprime una experiencia de lucha específica. Nos remite directamente a un sujeto ubicado en una praxis cotidiana interpersonal, social e histórica (Sotolongo y Delgado, 2006, pág. 133), que hace evidente una relación entre estructura social y proceso psíquico en el transcurso de la construcción de la subjetividad.

 Esa interrelación de lo social e histórico contribuye a la formación en el sujeto de la noción de lo político, la aprehensión de la autonomía como independencia (que significa la autodeterminación del sujeto y de los sujetos para orientar acciones hacia la emancipación.)

  Y es la lucha de clases, como proceso, que construye la subjetividad política (una lucha que  se constituye en una práctica, que  a su vez, es cimiente de la subjetividad política, resultando otra conciencia: la clase para sí….) conciencia y sentido de identidad y pertenencia, sentimiento de indignación ante el oprobio, la explotación y la pobreza. Al respecto citamos a Modonessi:

la idea de autonomía ronda el pensamiento Marx y Engels como pasaje fundamental del proceso de emancipación  que sólo será obra de los trabajadores mismos, es decir expresión de su poder autónomo…siendo expresión de la clase para sí…(2010),pág. 102


Es ante todo un accionar consciente, que potencia un poder hacer orientado hacia la emancipación. Sabemos que esa conciencia  es espontánea o sea el insight se da en un momento dado, histórico y social, pero es, en definitiva, fruto de un proceso, un intejuego de antagonismos, luchas de clase, cuando se produce el  impulso cualitativo hacia el cambio social.


 Conclusiones

Nos concierne un objeto de estudio de gran complejidad, ya que no se trata de “un objeto”, sino de una multiplicidad de procesos y relaciones que se determinan y afectan recíprocamente, el indagar un nexo dialéctico y fundante: el que se da entre el orden socio-histórico y la subjetividad.

Y así, volviendo al sujeto complejo, una subjetividad que se corporiza en creencias singulares y colectivas, donde lo social traspasa las prácticas. Ya no más lo social como lo objetivo que sucede en el afuera del sujeto y de lo subjetivo como el adentro, sino lo social como flujo deseante que atraviesa transversalmente  a cada individuo, a cada grupo. No hay que traerlo desde afuera ni habrá de suceder cuando estemos consigo mismos, porque ya está siendo y desde esta comprensión, está siendo  como producción inconsciente que se despliega horizontalmente en cada saber y en cada quehacer personal y cotidiano.

Y es en aquel lugar, en lo cotidiano, donde realizan las prácticas políticas e intersubjetivas los subalternos, lugar desde el  cual construyen  sus sentidos comunes, sus complicidades y sus sueños  .Es  en ese  espacio macrosocial donde se evidencia esa compresión de la política, la epistemología y la vida, donde posiblemente esté creciendo los límites de la posibilidad del capitalismo, ese poder hacer de las fuerzas de la resistencia , como modalidad política que emana de crear vínculos  y complicidades  y consenso efectivos  para construir una fuerza que sea capaz de transformar la sociedad desde sus fundamentos .



Bibliografía

Modonesi, Massimo (2010) Subalternidad, antagonismo, autonomía: marxismo y subjetivación política. - 1a ed. - Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - CLACSO; Prometeo Libros.

Sotolongo Codina, et al (2006).  La intersubjetividad social, las estructuras sociales objetivadas y las subjetividades sociales individuales  En la Revolución contemporánea del saber y la complejidad social. Hacia unas ciencias sociales de nuevo tipo. Disponible en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar.

Otras referencias
E. Pichón-Rivière – Ana Quiroga .Aportaciones a la didáctica de la Psicología Social Publicado en El Proceso Grupal, Nueva Visión). 1972.


[1] Esta ernunciación  puede parecer  teórica y altamente densa, bien. Me gusta mucho el trabajo de Sotolongo y Delgado (2010), al respecto porque le da contenido (sentido) a ese concepto de relaciones sociales, que no son solo relaciones económicas sino sociales, culturales, y se expresan en la vida cotidiana como situaciones de interacción con copresencia (vínculo con los otros). Entonces se ve más claramente cómo es que opera las relaciones sociales en su dimensión personal y vida cotidiana, espacio donde se teje la subjetividad, como realidad interior de los sujetos

[2] E. Pichón-Rivière – Ana Quiroga .Aportaciones a la didáctica de la Psicología Social ––Publicado en El Proceso Grupal, Nueva Visión). 1972.

Democracia del saber y formas de saber

No habrá democracia social-global si no hay democracia entre las formas de saber. Hasta ahora ha predominado la forma occidental de entender el mundo, de comprenderlo y dominarlo -usualmente cargado con una enorme dosis de individualismo- erigiendo a la racionalidad científica como el criterio (único) de demarcación entre lo que es válido como conocimiento y lo que no lo es y que, en tal sentido; es descalificado y desperdiciado .(De Sousa,2009)
Por eso, desde nuestro lugar ,en esta construcción de conocimiento que  nos proponemos como horizonte de trabajo, es un reto metodológico y epistémico, a la vez de conciencia, autoconocimiento y de transformaciones de saberes; el intentar recuperar el espacio de las Ciencias Sociales en el debate disciplinar e interdisciplinar, para así contribuir a superar visiones fragmentadas de la realidad.
Debemos enmarcarnos dentro del pensamiento crítico, lo que significa que el sujeto se asume como sujeto de saber, de poder y de voluntad, ésta con pretensión consciente y transformadora, de compromiso con la realidad en que se involucra; para fortalecer el espacio grupal democrático , los lugares de encuentro, de debate y, a su vez, destacando las autonomías. Para lo cual debemos desmitificar el pensamiento crítico, recuperando su condición imparcial e incompleta; para que sea contingente y superable de las anteriores visiones.
Todos los discursos, todos los nuevos significados contextualizados en una visión de un mundo como un sistema complejo no lineal, ni en equilibrio (e.g. dominación, hegemonía, legitimidad, poder, imperio, imperialismo, contra-hegemonía, emancipación) son referentes teóricos que son necesarios re-significar (Casanova, 2009); así como precisar, enriquecer o acotar para enfrentarnos a la realidad social.
De tal forma, podemos partir del reconocimiento de este fin de milenio como un universal concreto en el que se emparejan, se cruzan y se disocian procesos, es decir, en calidad de punto crítico de síntesis de una realidad caótica y compleja; en la que se gestan los nuevos caminos de una historia de historias y en la que los/as sujetos en acción introducen sus propias pautas y epistemologías.

 ¿Qué tanto la transformación de lo real apela a una subversión del pensamiento, de los esquemas conceptuales y de las perspectivas situacionales?

Debemos colocar la problemática de la relación compleja entre las Ciencias Sociales y el/la investigador/a, desde la perspectiva crítica, significa que se debe analizar a profundidad la doble dimensión de las Ciencias Sociales: la teórica y la práctica a la vez; recuperando su dimensión normativa y emancipadora. Para Maldonado. (2011,21-36), entender los fenómenos complejos ya no son suficientes los criterios científicos tradicionales de causalidad, basados en una filosofía del reduccionismo y separación del sujeto y el objeto. Denominamos Las ciencias de la complejidad, (modo genérico para designar diferentes lenguajes, teorías, métodos y modelos explicativos; todos de orden inter y transdisciplinario, por eso el plural de la expresión) se han visto impulsadas por la termodinámica de los sistemas alejados del equilibrio, el caos, la geometría de fractales, la teoría de las catástrofes, la criticalidad autoorganizada, entre otros; todas lógicas no-clásicas.
En ese sentido, la teoría crítica nos abre una disyuntiva como investigadores/as y como sujetos de conocimiento que, en tanto conocen y se transforman subjetivamente para favorecer cambios en la realidad en la cual intervienen, dinamizan consecuentemente esa relación dialéctica entre sujeto y objeto, que produce, por medio de la acción y la teoría; lo que llamamos sentido crítico y praxis emancipadora (que no es más que el develamiento de las relaciones de dominación -de distinto y diverso signo-), que contribuiría a constituir una sociedad democrática.
Es decir, correr el centro del análisis a las relaciones de dominación implica incorporar todas las dimensiones de la vida social y trascender la esfera del trabajo. Esto, evidentemente, tiene fuertes repercusiones en el terreno del análisis, pues exige la construcción de conceptos transdisciplinarios (Morin, 1990) con una capacidad explicativa de amplio espectro.
Esto obliga a poner, en primer plano, la construcción de subjetividades y la reproducción y/o subversión de las relaciones sociales, profesionales, de saberes. Los límites estarían marcados por la potencia creativa y liberadora de los/as sujetos en cierto contexto  que, por lo demás; se modifica con su acción interna. Una realidad donde también nosotros/as somos actores y autores/as conscientes.

Nuevos territorios de acción
Nuestra actual situación nos ubica en un nuevo terreno de problematización. Si el eje de reflexión es el espacio de interacción de los/as sujetos (espacio de construcción de inter-subjetividades), es necesario desarrollar conceptos que permitan aprehender las síntesis dominación-resistencia, hegemonía-emancipación, poder-democracia.
O sea, que hagan posible plantear esta unidad contradictoria por su esencia unificadora y no por la disociación de sus componentes.
El análisis del mundo contemporáneo desde esta perspectiva nos conduce al reconocimiento de que la única posibilidad de prever el futuro es en el trazado de escenarios y la identificación de estrategias para afrontar a éste y a la realidad compleja; para conocer al mundo y crear alternativas que posibiliten transformarlo o, al menos, que orienten cambios posibles.
En dicha visión se inscriben los trabajos interdisciplinarios y transdisciplinarios posibles, con el análisis crítico y de la construcción de sentidos desde la objetividad y subjetividad(es). Nosotros/as, modestamente, estamos intentando ver sólo algunos fenómenos de lo discutido, pero desde nuestra propia perspectiva.
El todo está en la parte, pero ésta conserva su singularidad e individualidad que, de algún modo, contiene al todo. No es una máquina trivial (aquella en la que se pueden conocer los productos una vez que se conocen los insumos: en la que aún sin saber  qué procesos ocurren en el interior de la máquina, podemos predecir su comportamiento). En especial, la realidad social no es una máquina trivial: surgen permanentemente nuevos procesos y comportamientos inesperados, pero sobre todo valoriza otras formas de saber, diferentes al científico. Es un ida y vuelta dialéctico, donde confluyen todas las formas de saber.
Los saberes, las teorías y las prácticas disciplinares ya dieron de sí lo mejor que podían dar. Ahora, por el contrario, es necesaria una formación interdisciplinaria, transdisciplinar, multidisciplinar, cruzada, transversal, en fin como se prefiera: en cualquier caso, una formación integradora, y no ya fragmentada o especializada (Maldonado,2011.pág. 33).
En la ecología de saberes, que apuntamos en otro apartado arriba,  los conocimientos interactúan, se entrecruzan (Sousa, 2009,pag 185), pero también , nos dice,  interactúan las ignorancias, que son tan heterogéneas  y tan interdependientes como el conocimiento, el conocimiento olvidado. Es imprescindible construir conocimiento  pero no desestimar u olvidar el conocimiento, si no compararlo, no desestimarlo.
De Sousa defiende, aquí también, una idea de prudencia en tanto facultad para el interconocimiento (aprender otros conocimientos sin olvidar el de uno mismo). Esta se esgrime por la necesidad de reconocimiento de la diversidad epistemológica del mundo y como un paso en firme hacia la justicia cognitiva. Sólo de este modo será posible arribar a una genuina democracia social global en la que exista reconocimiento de la multiplicidad de prácticas y experiencias sociales del mundo. Reforzamos el criterio de que no habrá democracia social global si no hay democracia entre las formas del saber

Para ello es imperativo liberarse de la colonialidad política y esto exige desprenderse del colonialismo intelectual; por tal motivo (De Sousa 2009, p 179). subraya: la resistencia política (…) necesita (…) como postulado, la resistencia epistemológica .
En  las líneas esenciales   del mundo actual es  ver lo nuevo de la globalidad, pero también la historia; y en la historia  se encuentra el colonialismo de la modernidad, un colonialismo global que hoy también es neoliberal y posmoderno .

La política por un mundo alternativo realmente democrático y realmente socialista obliga  a repensar  el mundo y la historia  tras los fracasos colosales de la socialdemocracia, el comunismo y la liberación que se hicieron  notorios  a finales del siglo XX y principios del XXI. Entre las tareas principales de las fuerzas que se proponen  construir  un mundo nuevo se encuentra  la necesidad  de reestructurar el propio pensamiento  alternativo(…) las nuevas ciencias y las tecnociencias  formarán parte  del nuevo  proyecto alternativo emergente .Someterlas a una crítica  rigurosa  es necesario  pero  insuficiente.
Se requiere dominar su lógica  y su técnica  para defenderse  de ellas, o para utilizarlas y adaptarlas al proyecto libertador.( González Casanova, 2004:287),

 El papel del profesional sería el de aportar sus habilidades para que podamos comprender la naturaleza de esta transición, y todavía más importante, para mostrarnos las opciones históricas que esta transición nos ofrece a todos, individual y colectivamente. Dado que este período es caótico y que es intrínsecamente imposible predecir su resultado, la labor de analizar la transición y las opciones que ella ofrece no es nada fácil ni evidente.
Así que la visión interdisciplinaria, transdiciplinaria debe romper con la visión  especializada y compartimentada de las ciencias sociales, en tal sentido es necesario dar oído a la petición de Wallerstein  (1996) de ABRIR LAS CIENCIAS SOCIALES, apropiarnos de otra mirada.






Bibliografía

Casanova, Pablo. Las nuevas ciencias sociales y las humanidades: de la academia a la política. México: Anthropos Editorial, 2004.
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De Sousa, Boaventura.—. Una epistemología del sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social. México: Siglo XXI -Clacso, 2009.
Foucault, Michel. Vigilar y Castigar. 30 Edición. México: Siglo XXI Editores S.A., 2000.
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Morin,Edgar—. Introductión à lá pensée complexe. Paris: ESP Editeurs, 1990.

Varela Francisco: España- GEDISA. Editorial.2006.


El genocidio encubierto como práctica sistemática de la política criminal y su incidencia en el sistema penitenciario.  
…develar y confrontar la perversa  opacidad de la  política criminal y el uso del derecho penal, evidenciando las condiciones de los privados de libertad, para mostrar prácticas eliminacionistas de un Estado que no crea alternativas  de integración social, y que  ante la pena de muerte que en casi todos los Estados está abolida, ésta reaparece como una  pena de encierro, casi siempre prolongada  como la alternativa más poderosa de la exclusión social y la invisibilización.
Paula Dobles. 2014. Pág 24.


Desde la modernidad, las clases hegemónicas se atribuyen  el derecho a castigar  todo aquello que se desvíe  de la normalidad (modelo de desarrollo económico  y social, ideología política, que contraviene poder  e intereses, políticos.) de una sociedad  supuestamente  representada por el Gobierno de Estado, por medio de una política de  control social formal, que en ese contexto asume el  Derecho a castigar y establecer los  mecanismos de legitimación, como técnicas de  obtención de consensos, neutralización, sometimiento a los valores esenciales de un sistema de dominación,  en este contexto asumimos que existe en el marco operativo del control social, una esfera que permanece  oculta  que obedece ,desde el poder, a intereses políticos, éstas  diversas prácticas genocidas, muertes masivas o masacres,  son modelos de relación social establecidas por un control social punitivista; éstas prácticas se han venido dando sistemáticamente  a través de la historia, con distintas características manifiestas, no sólo en situación de guerra y dictaduras, si no en regímenes supuestamente democráticos, haciéndose evidentes  por medio de una política criminal coercitiva y punitiva, en una de las instituciones del control social más vulnerable: El Sistema Penitenciario.
 En ese contexto,  por lo tanto, es imperativo investigar el impacto y las características que estas prácticas eliminacionistas  tienen dentro del sistema penitenciario, operativamente   disimuladas y legitimadas por una política criminal profundamente represiva de control social; es importante tener conocimiento de  la modalidad específica de control y represión institucionales  y su incidencia en el del sistema penitenciario; los modelos de las políticas criminales que inciden en el sistema, para críticamente, denunciar y crear la alternativa a un control punitivo represivo de carácter genocida.

Investigar tanto las peculiaridades de estos modelos de políticas  genocidas , como las características de los diversos intentos o movimientos de resistencia teórica y –experiencias de estas prácticas constituye una necesidad ineludible para las ciencias sociales, como requisito para conocer, evidenciar y reforzar las políticas de enfrentamiento o anulación de las causas, los prolegómenos o los efectos materiales y simbólicos de las prácticas genocidas en el contexto de las Instituciones de Control Social  Formal .El poder autoritario atraviesa el conjunto de la sociedad mutado en un discurso donde al pobre se lo mira con desconfianza, al migrante y algunas etnias y prácticas culturales de igual forma, interviniendo con códigos excluyentes en los social y económico, poco tangibles, es decir, oscuras. En lo cotidiano, vivimos una realidad en la cual una manifestación (movimiento social), que produce un embotellamiento de tránsito se la denomina “caos”. Es decir, donde en un discurso supuestamente democrático se criminaliza la protesta y  se acentúa que la población en conflicto con la ley proviene de las poblaciones más vulnerables social y psicológicamente, en otras palabras, se criminaliza la pobreza. Nuevamente el silencio es preferible al ruido de los diferentes sectores que reclaman por sus derechos, campesinos, indígenas, estudiantes, agremiados.
Hay muchos poderes asesinos, casi se podría afirmar que todos lo son en algún sentido, por comisión u omisión. Pero no todos los poderes se manifiestan de la  misma manera,  o hacen evidentes sus prácticas genocidas. Explorar sus características, su modalidad específica de control y represión es una manera de hablar de la sociedad misma y de las características del poder que entonces se ejecuta y que se ramifica y reaparece, a veces idéntico y a veces mutado[1], en el poder que hoy circula y se reproduce, pero además, ponerlo en evidencia significa tener  las herramientas teóricas y prácticas para crear alternativas contrarias al poder punitivista del Estado.
Porque si una sociedad no plantea sus responsabilidades difícilmente podrá comprometerse con sus problemas éticos y relativizará los conflictos vinculados con la impunidad, la justicia, la corrupción y la muerte.






[1] Calveiro, Pilar, Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina, Editorial Colihue, Bs., As., 2004, pág. 92.