Ciencias sociales y ciencias de la complejidad: encuentros y desencuentros.
Hacia una transformación social
Como se lee, en
este apartado hemos empezado por enunciarlo de forma tradicional positivista y dicotómica, (
de forma inconsciente o internalizada ), por ello decidimos que ese postulado tradicional de
la ciencias positivas nos sirva como disparador para la crítica,
hemos hecho la dicotomía entre ciencias sociales y ciencias de la
complejidad, lo que nos lleva a reflexionar, por tanto, que la realidad es siempre compleja y lo que cambia es la forma de abordarla, de asumirla, de
conocerla, o sea la epistemología y el método. Lo que significa que las Ciencias
Sociales son tan complejas como cualquiera de las otras ciencias fácticas. Y si
se asume que la realidad es compleja, entonces nos encaminamos a cambiar
el método y el encuadre epistémico para abordarla como tal.
La
epistemología siempre ha tenido impregnada la cultura, valores e ideología
dominantes del momento histórico de cuando surge. Esos rasgos culturales y
necesidades de las clases hegemónicas, la herencia de la modernidad, el
pensamiento dicotómico, fragmentado, unilateral y mecanicista, el cual aún se
resiste, como hemos visto, subyace en lo que hacemos cotidianamente y, por
ello, debemos estar atentos a nuestro quehacer de forma crítica y no caer en
sus trampas.
La época
presente está marcada por una profunda reestructuración cultural. El mundo de
la cultura actual ha eclipsado a los tradicionales factores de socialización y
conocimiento, a esto hemos llamado transición de paradigmas, proceso del cual
no escapan las ciencias sociales.
Nos dice Morin
(1993), que para comprender la complejidad hay que saber que existe un
paradigma de la simplicidad, que pone orden en el universo y persigue el
desorden; el orden se reduce a una ley y un principio. La simplicidad ve a lo
uno y ve a lo múltiple, pero no puede ver que lo uno puede también ser múltiple.
El principio de simplicidad o bien separa lo que está ligado (disyunción) o
bien unifica lo que es diverso (reducción).
Preservar una visión de la
realidad que respete su complejidad y para intentar alcanzar tal propósito, y
siguiendo a Edgar Morín, se requiere superar el paradigma de la simplicidad y
hacer un pasaje hacia el paradigma de la complejidad.
Pero, ¿qué características
tiene la simplicidad?. Se afirma que el universo es orden; se excluye el
desorden. El orden es una ley. Evita la contradicción y el azar. Expulsa la
subjetividad del conocimiento (la atribución de sentido); es objetivista. Posee
una concepción lineal del tiempo. Es, como señala de De Sousa Santos (2006),
una monocultura del tiempo lineal: la idea que la historia tiene un único
sentido, una dirección y que los países desarrollados van adelante. Expresa una
monólogo del saber y del rigor: reduce lo verdadero a lo científico; dejando
fuera muchas otras formas valiosas de saber.
¿Qué postula el Paradigma
de la complejidad?: Que la realidad es compleja porque es una maraña de
acciones, reacciones, interacciones, contradicciones. La realidad, y también la
realidad social, es una dialéctica de orden y desorden. La realidad es
auto-creación, se caracteriza por ser caótica, no todo es racional. También es
productora de fenómenos aleatorios que no se pueden determinar y que,
empíricamente, agregan incertidumbre al pensamiento. La realidad social se
construye subjetivamente dentro de límites objetivos.
Como vimos, el todo está en
la parte; pero ésta conserva su singularidad e individualidad que, de algún
modo, contiene al todo. No es una máquina trivial (aquella en la que se pueden
conocer los productos una vez que se conocen los insumos, en la que aún sin
saber qué procesos ocurren en el interior de la máquina, podemos predecir su
comportamiento).
En especial, la realidad
social no es una máquina trivial. Allí surgen permanentemente nuevos procesos y
comportamientos inesperados, pero sobre todo se valoriza otras formas de saber,
diferentes al científico. Es una ida y vuelta dialéctica, donde confluyen todas
las formas de saber.
Volviendo a la noción que
apuntábamos líneas atrás, que la epistemología contiene los elementos
culturales y los valores de la época histórica en la que surge, la historia
latinoamericana (explicada desde la dominación cultural) es una historia
contada de temas y términos comunes, de grandes ausencias, y magnas
representaciones impuestas desde occidente.
Los países han visto
extraviarse su identidad (América Latina) y se integran a un tiempo definido
por acontecimientos globales donde desaparecen las especificidades y la
posibilidad de construir una interpretación propia, nuestra; desde nuestro
lugar en el mundo y nuestra cultura heterogénea.
Por eso es importante posicionarse
desde otra perspectiva, desde donde se recupere la historia nacional, local,
regional, lugar desde el cual se aprehenda la realidad latinoamericana desde
sus múltiples facetas y direcciones. Reconstruir esa historia para
reinterpretarla.
De las lecturas de Pablo
González Casanova, surge un convite, un emplazamiento, para que los científicos
sociales recuperen el método y las técnicas desde otra intencionalidad y
conciencia, éticamente distinta a la heredada de las ciencias positivistas, y
la posibilidad de develar del naciente pensamiento complejo aquellos
ocultamientos que no logran la transformación real, por tanto; la emancipación.
Podríamos decir, en otras
palabras, a cual príncipe vamos a servir si al amo o al pueblo. Para ilustrar
nada mejor que Pablo González Casanova, en la siguiente cita:
La política por un mundo alternativo realmente democrático y realmente
socialista obliga a repensar el mundo y la historia tras los fracasos colosales
de la socialdemocracia, el comunismo y la liberación que se hicieron notorios a
finales del siglo XX y principios del XXI. Entre las tareas principales de las
fuerzas que se proponen construir un mundo nuevo se encuentra la necesidad de reestructurar el propio
pensamiento alternativo (…) las nuevas
ciencias y las tecnociencias formarán parte del nuevo proyecto alternativo
emergente. Someterlas a una crítica rigurosa es necesario pero insuficiente.
(…) Se requiere dominar su lógica y su técnica para defenderse de ellas, o para
utilizarlas y adaptarlas al proyecto libertador.
(González-Casanova, 2004, pág. 287)
Por ello colocar la
problemática relación compleja de las ciencias sociales y el/la investigador/a
desde la perspectiva crítica, significa que se debe analizar en profundidad la
doble dimensión de las ciencias sociales: la teórica y la práctica a la vez;
recuperando su dimensión normativa y
emancipatoria.
En ese sentido la teoría
crítica nos abre una disyuntiva como investigadores y, también, como sujetos de
conocimiento que en tanto conocen, al mismo tiempo se transforman
subjetivamente para favorecer cambios en la realidad en la cual intervienen.
Por tanto, la consecuencia de esa relación dialéctica sujeto- objeto que
produce por medio de la praxis y la teoría, es lo que llamamos sentido crítico
y una praxis emancipadora (que no es más que el desvelamiento de relaciones de
dominación), que contribuya a constituir una sociedad democrática.
Desde la teoría social
crítica, emerge la noción de emancipación y de la ciencia como conocimiento
emancipatorio, por ende; la conciencia social crítica (que se coloca
estratégicamente para develar los mecanismos de poder y hegemonía y superar los
atravesamientos ideológicos en un orden injusto), significa producir -desde las
ciencias sociales- conocimientos que aseguren autonomía y libertad.
El concepto de concientización
describe este proceso de tomar conciencia y representa el primer paso de la
praxis que, a su vez, es vista como poder y saber; un círculo de teoría y de su
aplicación con la relativa evaluación para volver a la teoría. De allí el
proceso de transformación social, producto de la praxis colectiva.
Pensamos que la ciencia social debe ser parte de un
saber teórico práctico preocupada por develar las relaciones de dominación, que
construya una teoría al servicio de la trasformación y del compromiso social;
un conocimiento que valora el saber del otro/a y lo construye con éste,
abriendo un espacio crítico y reflexivo sobre las ciencias sociales para crear
las alternativas posibles y, siguiendo a González-Casanova, dominando, para
lograrlo, la lógica del nuevo paradigma de la complejidad.
Casanova, P. (2004). Las nuevas ciencias
sociales y las humanidades: de la academia a la política. México: Anthropos
Editorial.
De Sousa, B. (2006). Renovar la teoría crítica e
inventar la enmancipación social. Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales (CLACSO).
De Sousa, B. (2009). Una epistemología del sur.
La reinvención del conocimiento y la emancipación social. México, México:
Siglo XXI -Clacso.
IMorin, E. (1990). Introductión à lá pensée
complexe. Paris: ESP Editeurs.
Morin, E. (1993). Epistemología de la
complejidad. En D. Schnitman, Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad.
Buenos Aires: Paidos.
Morin, E. (2006). El método (Quinta Edición
ed.). Madrid: Ediciones Cátedra.