viernes, 18 de julio de 2014

 Ciencias sociales y ciencias de la complejidad: encuentros y desencuentros. Hacia una transformación social
Como se lee, en este apartado hemos empezado por enunciarlo de forma tradicional positivista y dicotómica, ( de forma inconsciente o internalizada  ), por ello  decidimos que ese postulado tradicional de la ciencias positivas  nos sirva como disparador para la crítica, hemos hecho la dicotomía entre ciencias sociales y ciencias de la complejidad, lo que nos lleva a reflexionar, por tanto,  que la realidad es siempre compleja y  lo que cambia es la forma de abordarla, de asumirla, de conocerla, o sea la epistemología y el método. Lo que significa que las Ciencias Sociales son tan complejas como cualquiera de las otras ciencias fácticas. Y si se asume que la realidad es compleja, entonces nos encaminamos a cambiar  el método  y el encuadre epistémico para  abordarla como tal.
La epistemología siempre ha tenido impregnada la cultura, valores e ideología dominantes del momento histórico de cuando surge. Esos rasgos culturales y necesidades de las clases hegemónicas, la herencia de la modernidad, el pensamiento dicotómico, fragmentado, unilateral y mecanicista, el cual aún se resiste, como hemos visto, subyace en lo que hacemos cotidianamente y, por ello, debemos estar atentos a nuestro quehacer de forma crítica y no caer en sus trampas.
La época presente está marcada por una profunda reestructuración cultural. El mundo de la cultura actual ha eclipsado a los tradicionales factores de socialización y conocimiento, a esto hemos llamado transición de paradigmas, proceso del cual no escapan las ciencias sociales.
Nos dice Morin (1993), que para comprender la complejidad hay que saber que existe un paradigma de la simplicidad, que pone orden en el universo y persigue el desorden; el orden se reduce a una ley y un principio. La simplicidad ve a lo uno y ve a lo múltiple, pero no puede ver que lo uno puede también ser múltiple. El principio de simplicidad o bien separa lo que está ligado (disyunción) o bien unifica lo que es diverso (reducción).
Preservar una visión de la realidad que respete su complejidad y para intentar alcanzar tal propósito, y siguiendo a Edgar Morín, se requiere superar el paradigma de la simplicidad y hacer un pasaje hacia el paradigma de la complejidad.
Pero, ¿qué características tiene la simplicidad?. Se afirma que el universo es orden; se excluye el desorden. El orden es una ley. Evita la contradicción y el azar. Expulsa la subjetividad del conocimiento (la atribución de sentido); es objetivista. Posee una concepción lineal del tiempo. Es, como señala de De Sousa Santos (2006), una monocultura del tiempo lineal: la idea que la historia tiene un único sentido, una dirección y que los países desarrollados van adelante. Expresa una monólogo del saber y del rigor: reduce lo verdadero a lo científico; dejando fuera muchas otras formas valiosas de saber.
¿Qué postula el Paradigma de la complejidad?: Que la realidad es compleja porque es una maraña de acciones, reacciones, interacciones, contradicciones. La realidad, y también la realidad social, es una dialéctica de orden y desorden. La realidad es auto-creación, se caracteriza por ser caótica, no todo es racional. También es productora de fenómenos aleatorios que no se pueden determinar y que, empíricamente, agregan incertidumbre al pensamiento. La realidad social se construye subjetivamente dentro de límites objetivos.
Como vimos, el todo está en la parte; pero ésta conserva su singularidad e individualidad que, de algún modo, contiene al todo. No es una máquina trivial (aquella en la que se pueden conocer los productos una vez que se conocen los insumos, en la que aún sin saber qué procesos ocurren en el interior de la máquina, podemos predecir su comportamiento).
En especial, la realidad social no es una máquina trivial. Allí surgen permanentemente nuevos procesos y comportamientos inesperados, pero sobre todo se valoriza otras formas de saber, diferentes al científico. Es una ida y vuelta dialéctica, donde confluyen todas las formas de saber.
Volviendo a la noción que apuntábamos líneas atrás, que la epistemología contiene los elementos culturales y los valores de la época histórica en la que surge, la historia latinoamericana (explicada desde la dominación cultural) es una historia contada de temas y términos comunes, de grandes ausencias, y magnas representaciones impuestas desde occidente.
Los países han visto extraviarse su identidad (América Latina) y se integran a un tiempo definido por acontecimientos globales donde desaparecen las especificidades y la posibilidad de construir una interpretación propia, nuestra; desde nuestro lugar en el mundo y nuestra cultura heterogénea.
Por eso es importante posicionarse desde otra perspectiva, desde donde se recupere la historia nacional, local, regional, lugar desde el cual se aprehenda la realidad latinoamericana desde sus múltiples facetas y direcciones. Reconstruir esa historia para reinterpretarla.
De las lecturas de Pablo González Casanova, surge un convite, un emplazamiento, para que los científicos sociales recuperen el método y las técnicas desde otra intencionalidad y conciencia, éticamente distinta a la heredada de las ciencias positivistas, y la posibilidad de develar del naciente pensamiento complejo aquellos ocultamientos que no logran la transformación real, por tanto; la emancipación.
Podríamos decir, en otras palabras, a cual príncipe vamos a servir si al amo o al pueblo. Para ilustrar nada mejor que Pablo González Casanova, en la siguiente cita:
La política por un mundo alternativo realmente democrático y realmente socialista obliga a repensar el mundo y la historia tras los fracasos colosales de la socialdemocracia, el comunismo y la liberación que se hicieron notorios a finales del siglo XX y principios del XXI. Entre las tareas principales de las fuerzas que se proponen construir un mundo nuevo se encuentra  la necesidad de reestructurar el propio pensamiento  alternativo (…) las nuevas ciencias y las tecnociencias formarán parte del nuevo proyecto alternativo emergente. Someterlas a una crítica rigurosa es necesario pero insuficiente. (…) Se requiere dominar su lógica y su técnica para defenderse de ellas, o para utilizarlas y adaptarlas al proyecto libertador. (González-Casanova, 2004, pág. 287)
Por ello colocar la problemática relación compleja de las ciencias sociales y el/la investigador/a desde la perspectiva crítica, significa que se debe analizar en profundidad la doble dimensión de las ciencias sociales: la teórica y la práctica a la vez; recuperando su dimensión normativa y emancipatoria.
En ese sentido la teoría crítica nos abre una disyuntiva como investigadores y, también, como sujetos de conocimiento que en tanto conocen, al mismo tiempo se transforman subjetivamente para favorecer cambios en la realidad en la cual intervienen. Por tanto, la consecuencia de esa relación dialéctica sujeto- objeto que produce por medio de la praxis y la teoría, es lo que llamamos sentido crítico y una praxis emancipadora (que no es más que el desvelamiento de relaciones de dominación), que contribuya a constituir una sociedad democrática.
Desde la teoría social crítica, emerge la noción de emancipación y de la ciencia como conocimiento emancipatorio, por ende; la conciencia social crítica (que se coloca estratégicamente para develar los mecanismos de poder y hegemonía y superar los atravesamientos ideológicos en un orden injusto), significa producir -desde las ciencias sociales- conocimientos que aseguren autonomía y libertad.
El concepto de concientización describe este proceso de tomar conciencia y representa el primer paso de la praxis que, a su vez, es vista como poder y saber; un círculo de teoría y de su aplicación con la relativa evaluación para volver a la teoría. De allí el proceso de transformación social, producto de la praxis colectiva.
Pensamos que la ciencia social debe ser parte de un saber teórico práctico preocupada por develar las relaciones de dominación, que construya una teoría al servicio de la trasformación y del compromiso social; un conocimiento que valora el saber del otro/a y lo construye con éste, abriendo un espacio crítico y reflexivo sobre las ciencias sociales para crear las alternativas posibles y, siguiendo a González-Casanova, dominando, para lograrlo, la lógica del nuevo paradigma de la complejidad.

Casanova, P. (2004). Las nuevas ciencias sociales y las humanidades: de la academia a la política. México: Anthropos Editorial.
De Sousa, B. (2006). Renovar la teoría crítica e inventar la enmancipación social. Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
De Sousa, B. (2009). Una epistemología del sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social. México, México: Siglo XXI -Clacso.
IMorin, E. (1990). Introductión à lá pensée complexe. Paris: ESP Editeurs.
Morin, E. (1993). Epistemología de la complejidad. En D. Schnitman, Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad. Buenos Aires: Paidos.
Morin, E. (2006). El método (Quinta Edición ed.). Madrid: Ediciones Cátedra.