miércoles, 16 de julio de 2014

SUBJETIVIDAD  como   proceso social y dialéctico

I-Presentación del tema:


Desde este planteamiento identificamos la compleja dialéctica que -en un orden social concreto- se despliega entre relaciones sociales y subjetividad. El nexo dialéctico y fundante entre el orden socio histórico y la génesis y el desarrollo del sujeto, nos lleva a las relaciones sociales que gestan ese orden, el lugar que los hombres ocupan en ellas, las instituciones y prácticas que expresan esas relaciones y emergen de las mismas, así como los sistemas de representación que los recorren. [1]
Esta aproximación se realiza en función de conocer cómo opera esa complejidad en lo subjetivo, para lo cual  es necesaria una comprensión del   sujeto como ser complejo y   que además, contiene la condición social del psiquismo. Dicha concepción caracteriza al sujeto como “ser de necesidades, que solo se satisfacen socialmente, en relaciones que lo determinan Pichón-Rivière[2] (1972), por lo que el sujeto no es solo un sujeto relacionado, es sujeto producido en una praxis, que a su vez produce el contexto de su existencia, producción enajenada, abstraída.

Por ello, el hombre, por su condición primordial de “ser de necesidades”, se constituye en su subjetividad, en su dimensión psíquica y social, en y por una actividad transformadora de sí y de la realidad. En tanto configurado y determinado en y por una red relacional, es “sujeto producido”, emergente de procesos sociales, institucionales, vinculares.

A la vez, al ser sujeto de necesidades, es por ello sujeto de la praxis y como tal, del conocimiento. Hace a su esencia ser el productor de su vida material, lo que lo define como sujeto de la historia, creador del orden social y del universo simbólico que es su escenario, (entendido el escenario social o el contexto producido en una praxis (Sotolongo (2006), p133.  
En consecuencia, si las relaciones sociales conforman la esencia de lo subjetivo, a su causalidad interna, podemos decir que tanto en su forma como en su existencia, no tienen, respecto a los procesos psíquicos, una relación secundaria y de exterioridad, sino de interioridad y de compleja determinación.

Al analizar la interrelación de causas internas y condiciones externas entendemos que no resulta pertinente hablar de un “afuera” social, en cuanto contexto de un “adentro” psíquico. Desde la perspectiva planteada, en el interjuego sujeto- mundo, lo externo se hace interno, y éste a su vez se transforma en su opuesto ya que lo interno se externaliza.

Es importante la comprensión dialéctica de su unidad y multiplicidad que permite distinguir la especificidad de aspectos o instancias de lo subjetivo, reconocer su interpenetración recíproca, y no fragmentar esa unidad compleja en supuestas “entidades” ontológica y epistemológicamente autónomas, tales como un “sujeto social” que sea otro que el “sujeto del inconsciente”, o el “sujeto del grupo”.

II-Subjetividad como producto de un proceso social dialéctico

Al asumir  y afirmar que el hombre es esencialmente “ser-en-el-mundo”, en relación dialéctica con él, y al caracterizar al psiquismo como un sistema abierto al mundo, constituyéndose en y por su ser en un mundo material, social, vincular, estamos planteando implícitamente la contradicción interno –externo, una relación dialéctica, sin embargo esta comprensión integral del sujeto no siempre ha sido así.

Sabiamente, Sotolongo y Delgado, (2006,)p132, nos ponen en evidencia la separación de los espacios  micro  y macro social en el estudio de lo social como una herencia de las ciencias positivas, por tanto nos dice que debemos estudiarlos sin contraponerlos, sin subordinar uno de los ámbitos al otro,  en una interacción social  de donde proviene la contextualización  de nuestra vida social , es por ello que para estos autores, la praxis no se ubica en el contexto, si no que ésta es  productora y modificadora de contextos, podríamos señalar que visto así ¿la práctica es el contexto? . Sobre esto nos subrayan:

           …ambas dimensiones de lo social, “lo micro” y “lo macro”, proceden de una misma “fuente”: la praxis cotidiana interpersonal –social e histórica– de los hombres y mujeres reales. Sotolongo y Delgado, (2006) p133.

Sotolongo y Delgado (2006), definen  como elementos aglutinadores  cuatro elementos que se precisan  como poder , deseo , saber y discurso, elementos que circulan en las prácticas sociales, o escenarios sociales que proyectan las expectativas y patrones sociales, en esa interacción social emerge la complejidad social articuladas a los elementos aglutinadores antes señalados. Nos dicen al respecto:

De manera que, prosiguiendo con la metáfora del “cemento aglutinador” de la vida cotidiana (nuestras expectativas mutuas de comportamiento social), “los ingredientes” que, mezclados convenientemente, conforman aquel “cemento aglutinador” son, entonces, nuestras prácticas cotidianas de poder, deseo, saber y discurso, que van conformando esas expectativas mutuas, y que, al igual que estas, dimanan de las situaciones de interacción social con copresencia, y por tanto no pueden no estar articuladas asimismo con tales situaciones. (2006, p 138)

Es en esta interacción social surgen desigualdades de circunstancias sociales que están relacionadas con el poder, o el empoderamiento, el deseo  que se relaciona con las satisfacción  o la insatisfacción, múltiples posicionamientos heurísticos o epistémicos  (saberes) y  niveles discursivos.

En esa línea del discurso que sigue nuestra reflexión, el sujeto de la praxis es sujeto de una relación de recíproca determinación y transformación con una realidad que lo trasciende y a la que a su vez, modifica y produce. La relación sujeto-mundo.

Por eso indagaremos en los dos polos de esa relación donde existen claramente dos dimensiones de subjetividad: a nivel individual del sujeto y  a nivel de colectivo o proceso grupal, (en Sotolongo y Delgado 2006), se hace evidente que son aquellas las práctica colectivas las que se encuentran en la esfera de lo macrosocial, lo micro social son las  interacciones entre los sujetos individuales o agentes sociales).

Ambas construidas por medio de sus vínculos y ambas subjetividades son sociales y necesariamente, interactúan  y se retroalimentan, transforman al sujeto y crean la posibilidad de la transformación o el cambio de la  realidad social. Comprender que estas dimensiones se articulan entre sí, es indispensable para comprender a Sotolongo y Delgado (2006), en su propuesta que refiere a  la dimensión  micro (individual) y macro social (colectivo) en su relación integradora  y dialéctica.

No debe pasar inadvertido, entonces, que aquello que en todos los casos examinados se objetiva por una parte y se subjetiva por otra, de modo concomitante, son los contenidos de nuestras prácticas locales cotidianas de poder, deseo, saber y discurso. Pero, entonces, las relaciones sociales no son otra cosa que la objetivación de contenidos correspondientes a determinadas prácticas de poder, deseo, saber y discurso; y, a su vez, las identidades subjetivas personales no son otra cosa que la subjetivación de tales contenidos. Sotolongo y Delgado. (2006, p. 157).

Ello nos lleva a reflexionar sobre  las posibilidades que tiene el sujeto para realizar, en ese contexto construido, una acción transformadora, una adaptación activa a la realidad que tenga en cuenta necesidades, condiciones concretas, potencialidades. Que ponga en claro el grado de flexibilidad o de estereotipia en la relación mundo interno, mundo externo.

Nos preguntaremos por su capacidad para alcanzar un conocimiento de sí “en situación”, contextuado  y productor de contextos, en el universo de experiencia y significación que configuran sus condiciones concretas de existencia. Esto requiere, en el análisis de sus vínculos, su hacer y su representación del mundo, encontrar las manifestaciones que permitan ese encuentro dialéctico e instrumental entre el sujeto y el mundo y que están al servicio del aprendizaje, en tanto aprehensión de la realidad, que potencian en esas individualidades sociales, la transformación en agentes de cambio social. (Sotolongo y Delgado) 2006.

En este vasto interrogar, buscamos su capacidad cognitiva y emocional de insight y elaboración de conflictos. Por su creatividad, como potencialidad de recorrer y gestar caminos alternativos, que implican innovación, apertura al cambio  y gestación de proyectos colectivos, lo que nos lleva a lo macrosocial como escenario social, (Sotolongo y Delgado, 2006) , escenario social en el cual se manifiestan ese tramado de relaciones transformadoras, eso sí,  producidas por agentes sociales de cambio, que nos transfiere de vuelta al hombre en  su condición primordial de “ser de necesidades”, que  constituye en su subjetividad, en su dimensión psíquica y social,una actividad transformadora de sí y de la realidad.

Focalizar esa relación dialéctica  interno- externo, micro- macro, implica también analizar desde esta perspectiva, lo que constituye su escenario de experiencia, un contexto social construido, un mundo de significaciones, de relaciones y procesos en los que debe posicionarse el sujeto. Con esto aludimos al orden social, institucional, vincular, en el que emerge y se despliegan las vicisitudes de su configuración y desarrollo.

Procuramos una revisión para ver si ese orden social favorece el aprendizaje, el movimiento del sujeto sobre el mundo, la relación de recíproca transformación, o por el contrario la obtura, tendiendo a instalar el estereotipo o distintas modalidades de pasividad, gestando o ahondando fracturas entre sujeto y realidad. (Alienación).

Ante estas interrogantes, volvemos la mirada y advertimos que el sujeto y la subjetividad en Modonesi (2010), se configuran a partir de una praxis, una experiencia que define un conjunto de relaciones e interacciones que sostiene el sujeto con el medio que le circunda, se complementan y son homologantes, se entrecruzan en las relaciones de poder configurando y construyendo el sujeto político y la subjetividad política.

Los tipos de Subalternidad, antagonismo y autonomía nacen como instrumentos de lucha y proyección. (2010, pág. 153), estos contribuyen también  a la  emancipación y  a la des-alienación. Esto corresponde con  las posibilidades del sujeto para realizar una acción transformadora, una adaptación activa a la realidad que tenga en cuenta necesidades, condiciones concretas, potencialidades, reforzamiento de sus vínculos, su hacer y su representación del mundo  (identidad y pertenencia), y que permiten ese encuentro dialéctico e instrumental entre el sujeto y el mundo y que están al servicio del aprendizaje, en tanto aprehensión de la realidad.

En esa línea de discurso la subordinación  (Negri  define que  los  antagonismos de clase, juegan un papel  similar en la subjetivización, Modonessi. 2010, pág. 84.), es el motor de los procesos de subjetivación política, con las prácticas y experiencias de resistencia, de rebelión y de autonomía, o bien, estos vínculos relacionados  dialécticamente entre sí se acompañan de un discurso que divulga  y enuncia una praxis ahora política y  a su vez  prácticas locales desde donde se construye la subjetividad colectiva. Parte del encuentro de cuatro ejes fundamentales. Uno de ellos es el sujeto histórico: el sujeto social y político, la clase en sí y para sí, la relación entre espontaneidad y conciencia, el movimiento, el partido, la organización. Y segundo la realidad social estructural y procesual. (Modonessi, 2010, pág. 157).

En ese proceso se van a desarrollar y resignificar aspectos subjetivos que hacen a lo psíquico, a modalidades de agruparse, de relacionarse consigo mismo y con el otro, es decir, los mecanismos que serían antagónicos a los de la alienación: la conciencia de clase o clase para sí. Y estos procesos subjetivos no son ajenos sino simultáneos con un proceso social de construcción de una identidad social.

Desde el punto de vista de la psicología social, se trata del juego permanente de lo personal y de lo social, de lo subjetivo y del orden socio-histórico. Se evidencia el  método del materialismo dialéctico que da cuenta de las relaciones de producción y  nos habla del registro de la necesidad, del valor de la experiencia en procesos de acomodación y asimilación, registro e internalización del otro a través de la modificación de las estructuras de poder, procesos donde se gestan  interacciones que generan resistencia  y se expresa en la intensificación de los antagonismos entre etnias, culturas, creencias religiosas y en la emergencia de nuevas formas de movilización social.

En este enfoque, (Modonessi 2010),  el sujeto social, configura un sujeto político en el hacer cotidiano, en su lucha o praxis diaria por sobrevivir desde la subordinación del sistema, la cual le imprime una experiencia de lucha específica. Nos remite directamente a un sujeto ubicado en una praxis cotidiana interpersonal, social e histórica (Sotolongo y Delgado, 2006, pág. 133), que hace evidente una relación entre estructura social y proceso psíquico en el transcurso de la construcción de la subjetividad.

 Esa interrelación de lo social e histórico contribuye a la formación en el sujeto de la noción de lo político, la aprehensión de la autonomía como independencia (que significa la autodeterminación del sujeto y de los sujetos para orientar acciones hacia la emancipación.)

  Y es la lucha de clases, como proceso, que construye la subjetividad política (una lucha que  se constituye en una práctica, que  a su vez, es cimiente de la subjetividad política, resultando otra conciencia: la clase para sí….) conciencia y sentido de identidad y pertenencia, sentimiento de indignación ante el oprobio, la explotación y la pobreza. Al respecto citamos a Modonessi:

la idea de autonomía ronda el pensamiento Marx y Engels como pasaje fundamental del proceso de emancipación  que sólo será obra de los trabajadores mismos, es decir expresión de su poder autónomo…siendo expresión de la clase para sí…(2010),pág. 102


Es ante todo un accionar consciente, que potencia un poder hacer orientado hacia la emancipación. Sabemos que esa conciencia  es espontánea o sea el insight se da en un momento dado, histórico y social, pero es, en definitiva, fruto de un proceso, un intejuego de antagonismos, luchas de clase, cuando se produce el  impulso cualitativo hacia el cambio social.


 Conclusiones

Nos concierne un objeto de estudio de gran complejidad, ya que no se trata de “un objeto”, sino de una multiplicidad de procesos y relaciones que se determinan y afectan recíprocamente, el indagar un nexo dialéctico y fundante: el que se da entre el orden socio-histórico y la subjetividad.

Y así, volviendo al sujeto complejo, una subjetividad que se corporiza en creencias singulares y colectivas, donde lo social traspasa las prácticas. Ya no más lo social como lo objetivo que sucede en el afuera del sujeto y de lo subjetivo como el adentro, sino lo social como flujo deseante que atraviesa transversalmente  a cada individuo, a cada grupo. No hay que traerlo desde afuera ni habrá de suceder cuando estemos consigo mismos, porque ya está siendo y desde esta comprensión, está siendo  como producción inconsciente que se despliega horizontalmente en cada saber y en cada quehacer personal y cotidiano.

Y es en aquel lugar, en lo cotidiano, donde realizan las prácticas políticas e intersubjetivas los subalternos, lugar desde el  cual construyen  sus sentidos comunes, sus complicidades y sus sueños  .Es  en ese  espacio macrosocial donde se evidencia esa compresión de la política, la epistemología y la vida, donde posiblemente esté creciendo los límites de la posibilidad del capitalismo, ese poder hacer de las fuerzas de la resistencia , como modalidad política que emana de crear vínculos  y complicidades  y consenso efectivos  para construir una fuerza que sea capaz de transformar la sociedad desde sus fundamentos .



Bibliografía

Modonesi, Massimo (2010) Subalternidad, antagonismo, autonomía: marxismo y subjetivación política. - 1a ed. - Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - CLACSO; Prometeo Libros.

Sotolongo Codina, et al (2006).  La intersubjetividad social, las estructuras sociales objetivadas y las subjetividades sociales individuales  En la Revolución contemporánea del saber y la complejidad social. Hacia unas ciencias sociales de nuevo tipo. Disponible en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar.

Otras referencias
E. Pichón-Rivière – Ana Quiroga .Aportaciones a la didáctica de la Psicología Social Publicado en El Proceso Grupal, Nueva Visión). 1972.


[1] Esta ernunciación  puede parecer  teórica y altamente densa, bien. Me gusta mucho el trabajo de Sotolongo y Delgado (2010), al respecto porque le da contenido (sentido) a ese concepto de relaciones sociales, que no son solo relaciones económicas sino sociales, culturales, y se expresan en la vida cotidiana como situaciones de interacción con copresencia (vínculo con los otros). Entonces se ve más claramente cómo es que opera las relaciones sociales en su dimensión personal y vida cotidiana, espacio donde se teje la subjetividad, como realidad interior de los sujetos

[2] E. Pichón-Rivière – Ana Quiroga .Aportaciones a la didáctica de la Psicología Social ––Publicado en El Proceso Grupal, Nueva Visión). 1972.