SUBJETIVIDAD
como proceso social y dialéctico
I-Presentación del tema:
Desde este
planteamiento identificamos la compleja dialéctica que -en un orden social
concreto- se despliega entre relaciones sociales y subjetividad. El nexo
dialéctico y fundante entre el orden socio histórico y la génesis y el
desarrollo del sujeto, nos lleva a las relaciones sociales que gestan ese
orden, el lugar que los hombres ocupan en ellas, las instituciones y prácticas
que expresan esas relaciones y emergen de las mismas, así como los sistemas de
representación que los recorren. [1]
Esta aproximación
se realiza en función de conocer cómo opera esa complejidad en lo subjetivo,
para lo cual es necesaria una
comprensión del sujeto como ser complejo y que además, contiene la condición social del
psiquismo. Dicha concepción caracteriza al sujeto como “ser de necesidades, que
solo se satisfacen socialmente, en relaciones que lo determinan Pichón-Rivière[2]
(1972), por lo que el sujeto no es solo un sujeto relacionado, es sujeto
producido en una praxis, que a su vez produce el contexto de su existencia,
producción enajenada, abstraída.
Por ello,
el hombre, por su condición primordial de “ser de necesidades”, se constituye
en su subjetividad, en su dimensión psíquica y social, en y por una actividad
transformadora de sí y de la realidad. En tanto configurado y determinado en y
por una red relacional, es “sujeto producido”, emergente de procesos sociales,
institucionales, vinculares.
A la vez,
al ser sujeto de necesidades, es por ello sujeto de la praxis y como tal, del
conocimiento. Hace a su esencia ser el productor de su vida material, lo que lo
define como sujeto de la historia, creador del orden social y del universo
simbólico que es su escenario, (entendido el escenario social o el contexto
producido en una praxis (Sotolongo (2006), p133.
En
consecuencia, si las relaciones sociales conforman la esencia de lo subjetivo,
a su causalidad interna, podemos decir que tanto en su forma como en su
existencia, no tienen, respecto a los procesos psíquicos, una relación
secundaria y de exterioridad, sino de interioridad y de compleja determinación.
Al analizar
la interrelación de causas internas y condiciones externas entendemos que no
resulta pertinente hablar de un “afuera” social, en cuanto contexto de un
“adentro” psíquico. Desde la perspectiva planteada, en el interjuego sujeto-
mundo, lo externo se hace interno, y éste a su vez se transforma en su opuesto
ya que lo interno se externaliza.
Es
importante la comprensión dialéctica de su unidad y multiplicidad que permite
distinguir la especificidad de aspectos o instancias de lo subjetivo, reconocer
su interpenetración recíproca, y no fragmentar esa unidad compleja en supuestas
“entidades” ontológica y epistemológicamente autónomas, tales como un “sujeto
social” que sea otro que el
“sujeto del inconsciente”, o el “sujeto del grupo”.
II-Subjetividad como producto de un proceso
social dialéctico
Al asumir y afirmar que el hombre es esencialmente
“ser-en-el-mundo”, en relación dialéctica con él, y al caracterizar al
psiquismo como un sistema abierto al
mundo, constituyéndose en y por su ser en un mundo material, social,
vincular, estamos planteando implícitamente la contradicción interno –externo,
una relación dialéctica, sin embargo esta comprensión integral del sujeto no
siempre ha sido así.
Sabiamente,
Sotolongo y Delgado, (2006,)p132, nos ponen en evidencia la separación de los
espacios micro y macro social en el estudio de lo social
como una herencia de las ciencias positivas, por tanto nos dice que debemos
estudiarlos sin contraponerlos, sin subordinar uno de los ámbitos al otro, en una interacción social de donde proviene la contextualización de nuestra vida social , es por ello que para
estos autores, la praxis no se ubica en el contexto, si no que ésta es productora y modificadora de contextos,
podríamos señalar que visto así ¿la práctica es el contexto? . Sobre esto nos subrayan:
…ambas
dimensiones de lo social, “lo micro” y “lo macro”, proceden de una misma “fuente”:
la praxis cotidiana interpersonal –social e histórica– de los hombres y mujeres
reales. Sotolongo y Delgado, (2006)
p133.
Sotolongo y
Delgado (2006), definen como elementos aglutinadores cuatro elementos que se precisan como poder , deseo , saber y discurso,
elementos que circulan en las prácticas sociales, o escenarios sociales que
proyectan las expectativas y patrones sociales, en esa interacción social
emerge la complejidad social articuladas a los elementos aglutinadores antes
señalados. Nos dicen al respecto:
De manera que, prosiguiendo con la metáfora del
“cemento aglutinador” de la vida cotidiana (nuestras expectativas mutuas de
comportamiento social), “los ingredientes” que, mezclados convenientemente,
conforman aquel “cemento aglutinador” son, entonces, nuestras prácticas
cotidianas de poder, deseo, saber y discurso,
que van conformando esas expectativas mutuas, y que, al igual que estas,
dimanan de las situaciones de interacción social con copresencia, y por tanto
no pueden no estar articuladas asimismo con tales situaciones. (2006, p 138)
Es en esta
interacción social surgen desigualdades de circunstancias sociales que están
relacionadas con el poder, o el empoderamiento, el deseo que se relaciona con las satisfacción o la insatisfacción, múltiples
posicionamientos heurísticos o epistémicos
(saberes) y niveles discursivos.
En esa
línea del discurso que sigue nuestra reflexión, el sujeto de la praxis es
sujeto de una relación de recíproca determinación y transformación con una
realidad que lo trasciende y a la que a su vez, modifica y produce. La relación
sujeto-mundo.
Por eso
indagaremos en los dos polos de esa relación donde existen claramente dos
dimensiones de subjetividad: a nivel individual del sujeto y a nivel de colectivo o proceso grupal, (en
Sotolongo y Delgado 2006), se hace evidente que son aquellas las práctica
colectivas las que se encuentran en la esfera de lo macrosocial, lo micro
social son las interacciones entre los
sujetos individuales o agentes sociales).
Ambas
construidas por medio de sus vínculos y ambas subjetividades son sociales y
necesariamente, interactúan y se
retroalimentan, transforman al sujeto y crean la posibilidad de la
transformación o el cambio de la
realidad social. Comprender que estas dimensiones se articulan entre sí,
es indispensable para comprender a Sotolongo y Delgado (2006), en su propuesta
que refiere a la dimensión micro (individual) y macro social (colectivo)
en su relación integradora y dialéctica.
No debe
pasar inadvertido, entonces, que aquello que en todos los casos examinados se
objetiva por una parte y se subjetiva por otra, de modo concomitante, son los
contenidos de nuestras prácticas locales cotidianas de poder, deseo,
saber y discurso. Pero, entonces, las relaciones sociales no
son otra cosa que la objetivación de contenidos correspondientes a determinadas
prácticas de poder, deseo, saber y discurso; y, a su vez, las
identidades subjetivas personales no son otra cosa que la subjetivación de
tales contenidos. Sotolongo y Delgado. (2006, p. 157).
Ello nos
lleva a reflexionar sobre las
posibilidades que tiene el sujeto para realizar, en ese contexto construido,
una acción transformadora, una adaptación activa a la realidad que tenga en
cuenta necesidades, condiciones concretas, potencialidades. Que ponga en claro
el grado de flexibilidad o de estereotipia en la relación mundo interno, mundo
externo.
Nos
preguntaremos por su capacidad para alcanzar un conocimiento de sí “en
situación”, contextuado y productor de
contextos, en el universo de experiencia y significación que configuran sus
condiciones concretas de existencia. Esto requiere, en el análisis de sus
vínculos, su hacer y su representación del mundo, encontrar las manifestaciones
que permitan ese encuentro dialéctico e instrumental entre el sujeto y el mundo
y que están al servicio del aprendizaje, en tanto aprehensión de la realidad,
que potencian en esas individualidades sociales, la transformación en agentes
de cambio social. (Sotolongo y Delgado) 2006.
En este vasto
interrogar, buscamos su capacidad cognitiva y emocional de insight y elaboración de conflictos. Por su creatividad, como
potencialidad de recorrer y gestar caminos alternativos, que implican
innovación, apertura al cambio y gestación
de proyectos colectivos, lo que nos lleva a lo macrosocial como escenario
social, (Sotolongo y Delgado, 2006) , escenario social en el cual se
manifiestan ese tramado de relaciones transformadoras, eso sí, producidas por agentes sociales de cambio,
que nos transfiere de vuelta al hombre en
su condición primordial de “ser de necesidades”, que constituye en su subjetividad, en su dimensión
psíquica y social,una actividad transformadora de sí y de la realidad.
Focalizar
esa relación dialéctica interno- externo,
micro- macro, implica también analizar desde esta perspectiva, lo que
constituye su escenario de experiencia, un contexto social construido, un mundo
de significaciones, de relaciones y procesos en los que debe posicionarse el
sujeto. Con esto aludimos al orden social, institucional, vincular, en el que
emerge y se despliegan las vicisitudes de su configuración y desarrollo.
Procuramos
una revisión para ver si ese orden social favorece el aprendizaje, el
movimiento del sujeto sobre el mundo, la relación de recíproca transformación,
o por el contrario la obtura, tendiendo a instalar el estereotipo o distintas
modalidades de pasividad, gestando o ahondando fracturas entre sujeto y
realidad. (Alienación).
Ante estas interrogantes,
volvemos la mirada y advertimos que el sujeto y la subjetividad en Modonesi
(2010), se configuran a partir de una praxis, una experiencia que define un
conjunto de relaciones e interacciones que sostiene el sujeto con el medio que
le circunda, se complementan y son homologantes, se entrecruzan en las
relaciones de poder configurando y construyendo el sujeto político y la
subjetividad política.
Los tipos
de Subalternidad, antagonismo y autonomía nacen como instrumentos de lucha y
proyección. (2010, pág. 153), estos contribuyen también a la emancipación y a la des-alienación. Esto corresponde con las posibilidades del sujeto para realizar una
acción transformadora, una adaptación activa a la realidad que tenga en cuenta
necesidades, condiciones concretas, potencialidades, reforzamiento de sus
vínculos, su hacer y su representación del mundo (identidad y pertenencia), y que permiten ese
encuentro dialéctico e instrumental entre el sujeto y el mundo y que están al
servicio del aprendizaje, en tanto aprehensión de la realidad.
En esa
línea de discurso la subordinación
(Negri define que los
antagonismos de clase, juegan un papel
similar en la subjetivización, Modonessi. 2010, pág. 84.), es el motor
de los procesos de subjetivación política, con las prácticas y experiencias de
resistencia, de rebelión y de autonomía, o bien, estos vínculos
relacionados dialécticamente entre sí se
acompañan de un discurso que divulga y
enuncia una praxis ahora política y a su
vez prácticas locales desde donde se
construye la subjetividad colectiva. Parte del encuentro de cuatro ejes
fundamentales. Uno de ellos es el sujeto histórico: el sujeto social y
político, la clase en sí y para sí, la relación entre espontaneidad y
conciencia, el movimiento, el partido, la organización. Y segundo la realidad
social estructural y procesual. (Modonessi, 2010, pág. 157).
En ese
proceso se van a desarrollar y resignificar aspectos subjetivos que hacen a lo
psíquico, a modalidades de agruparse, de relacionarse consigo mismo y con el
otro, es decir, los mecanismos que serían antagónicos a los de la alienación:
la conciencia de clase o clase para sí. Y estos procesos subjetivos no son
ajenos sino simultáneos con un proceso social de construcción de una identidad
social.
Desde el
punto de vista de la psicología social, se trata del juego permanente de lo
personal y de lo social, de lo subjetivo y del orden socio-histórico. Se
evidencia el método del materialismo
dialéctico que da cuenta de las relaciones de producción y nos habla del registro de la necesidad, del
valor de la experiencia en procesos de acomodación y asimilación, registro e
internalización del otro a través de la modificación de las estructuras de
poder, procesos donde se gestan interacciones que generan resistencia y se expresa en la intensificación de los
antagonismos entre etnias, culturas, creencias religiosas y en la emergencia de
nuevas formas de movilización social.
En este enfoque,
(Modonessi 2010), el sujeto social,
configura un sujeto político en el hacer cotidiano, en su lucha o praxis diaria
por sobrevivir desde la subordinación del sistema, la cual le imprime una
experiencia de lucha específica. Nos remite directamente a un sujeto ubicado en
una praxis cotidiana interpersonal, social e histórica (Sotolongo y Delgado, 2006,
pág. 133), que hace evidente una relación entre estructura social y proceso
psíquico en el transcurso de la construcción de la subjetividad.
Esa interrelación de lo social e histórico contribuye
a la formación en el sujeto de la noción de lo político, la aprehensión de la
autonomía como independencia (que significa la autodeterminación del sujeto y
de los sujetos para orientar acciones hacia la emancipación.)
Y es la
lucha de clases, como proceso, que construye la subjetividad política (una
lucha que se constituye en una práctica,
que a su vez, es cimiente de la
subjetividad política, resultando otra conciencia: la clase para sí….)
conciencia y sentido de identidad y pertenencia, sentimiento de indignación
ante el oprobio, la explotación y la pobreza. Al respecto citamos a Modonessi:
…la idea de autonomía ronda el pensamiento
Marx y Engels como pasaje fundamental del proceso de emancipación que sólo será obra de los trabajadores
mismos, es decir expresión de su poder autónomo…siendo expresión de la clase
para sí…(2010),pág. 102
Es ante
todo un accionar consciente, que potencia un poder hacer orientado hacia la emancipación. Sabemos que esa
conciencia es espontánea o sea el insight se da en un momento dado, histórico
y social, pero es, en definitiva, fruto de un proceso, un intejuego de
antagonismos, luchas de clase, cuando se produce el impulso cualitativo hacia el cambio social.
Conclusiones
Nos
concierne un objeto de estudio de gran complejidad, ya que no se trata de “un
objeto”, sino de una multiplicidad de procesos y relaciones que se determinan y
afectan recíprocamente, el indagar un nexo dialéctico y fundante: el que se da
entre el orden socio-histórico y la subjetividad.
Y así,
volviendo al sujeto complejo, una subjetividad que se corporiza en creencias
singulares y colectivas, donde lo social traspasa las prácticas. Ya no más lo
social como lo objetivo que sucede en el
afuera del sujeto y de lo subjetivo como
el adentro, sino lo social como flujo deseante
que atraviesa transversalmente a
cada individuo, a cada grupo. No hay que traerlo desde afuera ni habrá de
suceder cuando estemos consigo mismos, porque ya está siendo y desde esta
comprensión, está siendo como producción
inconsciente que se despliega horizontalmente en cada saber y en cada quehacer
personal y cotidiano.
Y es en
aquel lugar, en lo cotidiano, donde realizan las prácticas políticas e
intersubjetivas los subalternos, lugar desde el cual construyen sus sentidos comunes, sus complicidades y sus
sueños .Es en ese
espacio macrosocial donde se evidencia esa compresión de la política, la
epistemología y la vida, donde posiblemente esté creciendo los límites de la
posibilidad del capitalismo, ese poder hacer de las fuerzas de la resistencia ,
como modalidad política que emana de crear vínculos y complicidades y consenso efectivos para construir una fuerza que sea capaz de
transformar la sociedad desde sus fundamentos .
Bibliografía
Modonesi,
Massimo (2010) Subalternidad,
antagonismo, autonomía: marxismo y subjetivación política. - 1a ed. -
Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - CLACSO; Prometeo
Libros.
Sotolongo
Codina, et al (2006). La
intersubjetividad social, las estructuras sociales objetivadas y las
subjetividades sociales individuales En la Revolución
contemporánea del saber y la complejidad social. Hacia unas ciencias sociales
de nuevo tipo. Disponible en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar.
Otras
referencias
E. Pichón-Rivière – Ana Quiroga .Aportaciones a
la didáctica de
[1]
Esta ernunciación puede parecer
teórica y altamente densa, bien. Me gusta mucho el trabajo de Sotolongo y
Delgado (2010), al respecto porque le da contenido (sentido) a ese concepto de
relaciones sociales, que no son solo relaciones económicas sino sociales,
culturales, y se expresan en la vida cotidiana como situaciones de interacción
con copresencia (vínculo con los otros). Entonces se ve más claramente cómo es
que opera las relaciones sociales en su dimensión personal y vida cotidiana,
espacio donde se teje la subjetividad, como realidad interior de los sujetos
[2]
E. Pichón-Rivière – Ana Quiroga .Aportaciones
a la didáctica de la
Psicología Social ––Publicado en El Proceso Grupal, Nueva
Visión). 1972.